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Emociones y desórdenes en la alimentación

La alimentación es necesaria para la vida. Alimentarse es una tarea inherente al ser humano. Los seres humanos, como el resto de seres vivos necesitan, además del agua, una correcta, variada y equilibrada alimentación para subsistir. Alimentarse es una práctica universal que provee satisfacción a un instinto básico de todo ser vivo y que en el hombre se realiza en un marco sociocultural determinado. Se podría decir que alimentarse es un acto fisiológico y el comer, además, se trata de un acto psicológico y social.

alimentación problemasComiendo nos identificamos con lo comido y con quienes compartimos la comida. Es interesante analizar y comprender dónde tienen su origen tales identificaciones. Para ello tenemos que retroceder hasta el inicio de la vida: el bebé. El recién nacido, en su vida más temprana, establece un vínculo con su nodriza (persona encargada de alimentar al bebé, que suele ser la madre). Este vínculo determinará el destino de esa persona en cuanto a sus necesidades y a su conducta posterior.

Al vincularse y depender del entorno para poder sobrevivir, el niño considerará ese ambiente como “bueno” o “malo”, de acuerdo a lo adecuadas que sean las respuestas a sus demandas. Se puede decir que es en ese momento cuando se experimentan las primeras experiencias de satisfacción y frustración surgidas de la relación alimentaria del bebé con su madre, y es que, la actitud y conductas empáticas o no empáticas podrán organizar/desorganizar el condicionamiento de la función alimentaria, provocando desórdenes alimenticios. Ciñámonos aquí, a la desorganización de esta función.

¿Cómo surgen los desórdenes alimenticios?

La madre responderá de forma sistemática a cualquier demanda del bebé dándole de comer, aun cuando la queja infantil se deba a otras tensiones producidas, por ejemplo, por frío, sueño, dolor u otro estímulo poco placentero. Esta experiencia e incomprensión repetida e incesantemente puede generar una conducta que, llegada la adolescencia, se manifestará en una incapacidad (ya del joven obeso) para identificar correctamente lo que ellos mismos sienten.

Estas personas tendrán una mala percepción de la diferencia existente entre hambre y saciedad y entre hambre y otros tipos de emoción, llenando sus vacíos emocionales con alimentos y distorsionando totalmente la función de la alimentación.

Cirujano plástico Dr. Julio Puig

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